viernes, 9 de noviembre de 2012

RESIDENCIAL SANTA CECILIA, ASTURIAS.

http://www.residencialsantacecilia.com/

LA FIESTA DE LA SIDRA

Recuerdo con especial cariño haber asistido a la fiesta de la sidra en un pueblo de Asturias, en mis años jóvenes, en un merendero gigantesco en una explanada junto a un río, yo iba con una amiga vasca hija de gallegos nacida en Bilbao y yo era un nieto de catalanes concebido en Palma y nacido en Castilla que había vivido en Andalucía. Ahora mi amiga piensa vivir un día en Londres y a mi me gustaría fijar mi residencia en Bruselas, el mundo es grande, todos nacemos en alguna parte porque es algo inevitable y pensamos que tal vez en nuestra mano está decidir dónde moriremos algún día, pero ni eso, y a mitad de camino somos llevados y traídos por las circunstancias, las patrias son egos, son apegos, al final lo que amplia más tu campo de acción es sanear más tu economía que tu cabeza, pero ésto tan poco que tampoco, porque estar dotado de una brillante capacidad de análisis lo que hace es que no entiendas nada o entiendas cada vez menos con lo cual, estás al cabo de la calle...¿Qué calle? ¿Qué importa? "La gente es extraña cuando somos extraños,--decía Jim Morrinson,-- todos estamos solos cuando no necesitamos a nadie. A veces has llegado porque no estás en ninguna parte."

La gente del pueblo traían cajas y cajas de botellas verdes de sidra, una sidra deliciosa.

Yo tendría 23 años y mi amiga 28, habíamos ido a la fiesta en autobús y habíamos cogido una pensión en el pueblo, subimos a la explanada en urbano y al llegar la noche ya no había urbanos y entonces decidimos quedarnos hasta que amaneciera en la explanada, yo tenía una cogorza monumental porque yo no cómo mientras bebo, porque es de mala educación, jejeje. Mi amiga había merendado y cenado varias veces, porque hay gente que es más de comer, otros son más echarse la siesta y todo es más o menos así, alguno le hace a todo, no sabemos por qué son estas cosas, pero yo entiendo que tiene que ser sobre todo una cuestión de fortaleza, un exceso de energía que produce tormentas eléctricas en tu cabeza, por eso a este tipo de persona se les suele estropear el móvil, antes los mecheros eléctricos, eléctricos ahora los coches son.

Un hombre cincuenton que tal vez esté ahora en una residencia geriátrica de Asturias, se nos acercó a eso de las cuatro de la mañana y nos dijo que le gustaba mucho que estuviéramos juntos, pero no se refería a ella ni a mi, se refería a los tres, es posible que hubiera alguien en esa fiesta que no estuviera borracho que podría explicarnos qué es lo que pasó, las hojas de los árboles brillaban y se empezaron a mover y mi amiga me dijo "es la luna" y yo intuí que nos habían roto la luna del coche y sin decirla nada, sólo con pensarlo, nos fuímos los dos a buscar el vehículo al aparcamiento, y así estuvimos cuatro horas gritando y chillando antes de darnos cuenta de que habíamos venido en autobús, una señora muy buena nos recogió y nos llevó en coche a casa, nos recogió del suelo.

La señora le preguntó a mi amiga que dónde vivíamos y mi amiga le contestó:

--Ahora no.

Y nos bajamos del coche el señor de cincuenta años estaba en la pensión y nos dijo que se llamaba Manitú, pero nos daba todo igual ya y nos queamos dormidos sobre la moqueta y al despertarnos el suelo se había movido porque la alfombra del hotel la había llevado a lavar. Mi amiga tenía las bragas encima de la cabeza y a mi me dio un ataque de celos y ella entonces se ofendió de que no me acordara de nada y hasta la fecha.